La banca paralela gana cada vez más terreno en Colombia

Conseguirse 500.000 pesos era el desvelo de Eleonora Guzmán para pagar la matrícula del colegio de sus tres hijos. Sin más opción, tuvo que recurrir a un prestamista que le cobró intereses del 10% mensual durante 10 meses. Y aunque el caso parezca aislado, se trata de una historia frecuente entre los estratos más bajos de la población que no tienen acceso al crédito de la banca formal.  Según el reporte de bancarización de Asobancaria, publicado en marzo de este año, sólo 5,4 millones de personas acceden a la banca formal, es decir,  12,6% de los colombianos. Entonces, ¿cómo se financian los demás?

Un estudio sobre alternativas de financiación que realizaron Marulanda Asociados y Econometría en estratos 1, 2 y 3, con 1.200 encuestas y que está próximo a ser publicado, revela que hay una mezcla entre fuentes formales y no formales de crédito, dependiendo del momento y las necesidades de los usuarios.

  • Teniendo en cuenta esto la posibilidad de que un comercio tenga ventas cada vez más significativas a través de internet son cada vez más limitadas. Los bancos y corporaciones no han hecho gran cosa por mejorar este punto dentro de sus planes de expansión, aunque se ven mucho más beneficiados que los mismos comercios que planean llegar a internet.

    Sorprende mucho el hecho de que tan solo 5.4 millones de colombianos puedan acceder a créditos de consumo o de cualquier otra categoría. Esto quiere decir, que mientras hay más de 10 millones de usuarios de internet, tan solo 2.5% de estos podrán comprar o pensarán en adquirir productos a través de la red y los comercios establecidos en Colombia.

Entre las informales, la gente recurre a amigos, familiares y vecinos, a los tenderos -con el popular fiado-, al crédito de establecimientos de comercio diferentes a las grandes cadenas, a agiotistas y compraventas. Pero también consideran tocar puertas para solicitar los préstamos de las empresas donde trabajan, las cooperativas, las cajas de compensación y la banca formal. “Hay una mezcla que depende de la necesidad y del destino que se le dará al crédito”, dice Beatriz Marulanda, experta en microfinanzas.

En el estudio sorprendió que a la pregunta: ¿Alguna vez ha tenido un crédito con la banca formal?, el 26% de los hogares y el 38% de las microempresas dijeron que sí. En el caso de los hogares, las mediciones anteriores eran del 20% y en las microempresas del 30%, que los expertos asocian con la penetración del microcrédito.

El acceso a cooperativas se concentra en el estrato tres porque requiere de un aporte y de una disciplina de ahorro. El sector solidario tiene una cartera de crédito de consumo que representa hoy cerca de una quinta parte de la del sector financiero.

Por otra parte, el informe revela que las cajas de compensación han ganado importancia. Hace poco, por ejemplo, fueron autorizadas para abrir secciones de ahorro y crédito e incluso algunas como Colsubsidio, Cafam, Comfandi y Comfenalco Cartagena adquirieron Finamérica, una financiera experta en microfinanzas. El 83% de los afiliados a las cajas tiene ingresos mensuales inferiores a tres salarios mínimos.

Por lo general, el promedio de crédito solicitado a la banca formal, en estratos 1, 2 y 3, es de seis millones de pesos, mientras que en los almacenes de comercio, en especial los que venden electrodomésticos, la cifra asciende a  1′200.000 pesos. Si toca pedir prestado a los agiotistas, el promedio de la deuda es de 500.000 pesos.

Pero como reza el dicho “la necesidad tiene cara de perro” y el costo de oportunidad pesa en la decisión. La mayoría de la gente no sabe cuál es la tasa de interés que le cobran y le importa más cuánto es la cuota mensual y si la puede pagar.  Los establecimientos de comercio, distintos de las grandes cadenas, cobran intereses hasta del 70%; los amigos, familiares y vecinos, del 68%; el prestamista de la calle, hasta el 213%, mientras los bancos están alrededor del 27%.

Sucede que la gente de los estratos 1, 2 y 3, aunque  sabe que la banca formal es la alternativa más barata y confiable, recurre a la informalidad por facilidad y rapidez, especialmente si lo que va a pedir prestado es de baja cuantía. A los que no les gusta visitar mucho es a los prestamistas y a las casas de empeño porque son más costosos, pero tienen una ventaja: son los más rápidos y con menos requisitos.

En términos de facilidad para conseguir créditos, ganan los amigos, vecinos, familiares, y los prestamistas. “La gente no es boba, sabe que los bancos son los más baratos, pero encuentran problemas en el acceso”, comenta Beatriz Marulanda. ¿Para qué utilizan el crédito? Para pagar deudas y gastos del hogar.

El desafío está en que el sistema financiero diseñe productos y mejore el acceso para que la gente más pobre no tenga que recurrir a fuentes extrabancarias que les resultan muy costosas.

Codensa prendió la Luz

La empresa que comercializa energía en Bogotá es quizá la entidad con mayor experiencia en este sistema de créditos a estratos bajos. En 2006 colocó  206 millones de dólares entre 537.000 clientes, que compraron electrodomésticos, seguros e hicieron mejoras a sus casas, de los cuales el 94% forma parte de los estratos 1, 2 y 3. El ingreso mensual promedio de las personas que acceden a esta financiación es de 700.000 pesos y tienen un cupo de tres veces su salario. Este sistema de crédito, otorgado para quienes están al día en su factura, tiene una tasa de 27%.

Fuente: Revista Cambio

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